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miércoles, 9 de julio de 2014

Literatura japonesa II: 1868-1912. El periodo Meiji

¡Ohayo~! Ya que estoy en tierras niponas, y ya que la otra entada sobre literatura japonesa (que podéis leer aquí) fue acogida con bastante entusiasmo, aquí va la segunda parte de esa entrada. Se me ha hecho muy larga, pero es que así ya metía todo el segundo periodo y no tenia que hacer una tercera entrada para acabar la explicación. Tengo pensado hacer más entradas pero ya centrándome en poesía o teatro (que suele ser algo que llama bastante la atención a la gente). De momento, espero que disfrutéis de esta.
Cuando los barcos del comodoro norteamericano Matthew Perry llegaron a la bahía de Edo (la actual Tokyo) en el año 1853, hacía más de dos siglos que Japón vivía aislado a causa de la política adoptada por los shoguns Tokugawa para mantener la estabilidad de su régimen (1603-1867). La llegada de los “barcos negros” del comodoro Perry, sin embargo, obligó al gobierno Tokugawa a cambiar de estrategia y a abrir el país al comercio, a las relaciones diplomáticas y al intercambio cultural con el exterior, lo que acentuó el sentimiento de crisis interna que se había ido desarrollando a lo largo de la primera mitad del siglo XIX.
La literatura y la lengua en el momento de la Restauración Meiji (1868)
Durante el periodo Tokugawa (1603-1867), la sociedad japonesa había mantenido una estructura feudal basada en los rígidos valores del confucianismo. En la cima de la jerarquía estaban los guerreros/eruditos, seguidos, en orden descendente, de los campesinos, los artesanos y los comerciantes. Reflejando la organización social del país, la literatura presentaba dos modelos muy diferenciados: por una parte, estaba la literatura de prestigio, denominada bun ( 文) y dirigida a la elite, y por otra, un género de ficción que recibía el nombre de gesaku ( 戯作, ‘obras frívolas’) y que estaba dirigido a las clases populares.
La literatura de prestigio estaba escrita en chino clásico, y reservada a los eruditos confucianos y a los miembros de la clase guerrera. Tenía como géneros principales la poesía, denominada kanshi ( 漢詩), y el ensayo, que se ocupaba básicamente de temas políticos, filosóficos e históricos. Estos dos géneros eran los únicos dignos de ser considerados como literatura “seria”.
Por su lado, la ficción gesaku trataba temas de la vida cotidiana y estaba fuertemente influenciada por la larga tradición oral y teatral de Japón. Este género popular había alcanzado un nivel notable durante la primera mitad del siglo XIX, pero en los años inmediatamente anteriores a la Restauración había ido degenerando hasta caer en un grado mínimo de calidad y de originalidad. De hecho, en el año 1868 la ficción gesaku era un género prácticamente agotado, y su único objetivo era entretener y aleccionar a los lectores.
 
1860-1890. El periodo de transición

Los ensayos, las traducciones y las novelas políticas
La apertura de Japón hacia el exterior decretada por el emperador Meiji el año 1868 provocó que durante los años inmediatamente posteriores a la Restauración se produjera un auténtico alúd de libros y de artículos sobre la cultura y la civilización occidentales. Normalmente, este fenómeno se conoce con el nombre de bunmei kaika ( 文明開化, ‘civilización y progreso’).
En un primer momento, los intelectuales japoneses intentaron satisfacer su curiosidad por Occidente con ensayos y libros de viajes que intentaban presentar fielmente la realidad de los países occidentales. Pero pronto, en su afán de colocar al país al nivel de las potencias occidentales, los intelectuales recurrieron a otra herramienta que sería fundamental en la difusión del conocimiento de Occidente en Japón y, especialmente, en la modernización de la literatura japonesa: las traducciones de obras europeas.
Como es lógico, al principio el interés de los intelectuales japoneses se centró más en traducir obras de contenido político y filosófico, en las que encontraban una utilidad evidente, que en obras puramente literarias. De esta manera, durante la década de los setenta del siglo XIX las obras que se tradujeron fueron, sobre todo, ensayos que ayudaron a difundir las ideas políticas y filosóficas vigentes en Occidente. Las traducciones de obras puramente literarias no llegaron hasta la segunda década de la era Meiji, es decir, a partir de 1878.
Con la traducción de estas novelas, la ficción recuperó parte del prestigio que había perdido en los últimos años del periodo Tokugawa. Además, esta recuperación del prestigio de la ficción coincidió con el intenso debate político que tenía lugar en Japón a comienzos de la década de los ochenta del siglo XIX, en el que se discutían temas como la fundación del parlamento, la creación de los primeros partidos políticos o el desarrollo de las relaciones internacionales.
La combinación de estos dos factores tuvo mucho que ver en el nacimiento de un género literario que hoy en día conocemos con el nombre de seiji shôsetsu ( 政治小説) o novelas políticas.
La denominación de seiji shôsetsu se aplica a una serie de obras de ficción escritas básicamente durante la primera mitad de la década de los ochenta del siglo XIX con el objetivo de difundir entre el pueblo ideales políticos como la igualdad, la libertad y la independencia nacional. Normalmente, los autores de estas novelas políticas eran jóvenes periodistas y activistas relacionados con el Movimiento por los Derechos y la Libertad de los Ciudadanos que, siguiendo el ejemplo de lo que pasaba en Occidente –donde personajes tan ilustres del ámbito político como Disraeli, Bulwer-Lytton o Voltaire se dedicaban a la ficción sin avergonzarse–, decidieron adoptar la novela como medio para dar a conocer su ideario.
La primera seiji shôsetsu apareció el año 1880 con el título de Tormentas en el mar de las pasiones: Relatos sobre los derechos de los ciudadanos (Minken engi, jôkai haran). Se trata de una novela alegórica en la que se pedía que en Japón se estableciera un sistema parlamentario como el que tenían las naciones occidentales.
Las seiji shôsetsu ejercieron una cierta influencia sobre las literaturas china y coreana. El caso más conocido quizás sea el del intelectual reformista chino Liang Qichao (1873-1929), que se inspiró en las novelas políticas japonesas para formular parte de su ideario. Se trata de un hecho especialmente importante, ya que era la primera vez después de muchos siglos en que la literatura japonesa influenciaba a la china.
A pesar de los esfuerzos de sus autores para crear una ficción adecuada a los nuevos tiempos, la mayoría de seiji shôsetsu continuaban presentando los mismos problemas que la ficción gesaku –es decir, unos argumentos complicados e inverosímiles, unos personajes estereotipados, un tono demasiado didáctico y un estilo demasiado alejado de la lengua hablada–, por lo que difícilmente se pueden considerar obras verdaderamente modernas. Seguramente ésta es la razón por la cual ninguna de estas novelas ha sido traducida a ninguna lengua occidental, y que a menudo este género queda olvidado en el momento de hacer la crónica del nacimiento de la literatura japonesa moderna.

Con todo, es innegable que tanto las primeras traducciones de novelas europeas como el género de las seiji shôsetsu conformaron los primeros intentos para hacer evolucionar la literatura japonesa y, a pesar de sus carencias, representaron una primera transición entre la ficción gesaku y la novela moderna.

Tsubouchi Shôyô y Futabatei Shimei

Tsubouchi Shôyô y Futabatei Shimei están considerados como los padres de la novela japonesa moderna a partir de dos obras que publicaron con pocos años de diferencia y que significaron el empujón definitivo para superar las limitaciones lingüísticas y estilísticas que presentaban la ficción gesaku, las primeras traducciones y las seiji shôsetsu. Hablamos de La esencia de la novela (1885-1886), el ensayo con el que Tsubouchi estableció las bases teóricas de lo que tenía que ser la reforma literaria en Japón, y de Nubes errantes (1887-1889), la novela en la que Futabatei plasmó las teorías de Tsubouchi.
 
1890-1912. El desarrollo de la novela moderna

La Ken’yûsha y Ozaki Kôyô

A pesar de los avances hechos por Tsubouchi y Futabatei al final de la década de los ochenta del siglo XIX, la modernización de la literatura japonesa no fue un proceso fácil. Durante la década de los noventa se produjo una reacción ante lo que algunos veían como una excesiva occidentalización de las formas literarias (y del país en general), y el lema bunmei kaika que había presidido los primeros años de Meiji dio paso a un eslogan más matizado, wayô setchû ( 和洋 折衷, o ‘combinación de Japón y Occidente’).
En el ámbito literario, esta combinación de elementos japoneses y occidentales encontró expresión en los autores de la Ken’yûsha (‘Amigos de la piedra de tinta’), que, bajo el liderazgo indiscutible de Ozaki Kôyô, intentaron revitalizar la literatura japonesa mezclando los modelos de la literatura japonesa clásica –sobre todo del periodo Genroku (1688-1703) y, en especial, del escritor más representativo de este periodo, Ihara Saikaku– con algunos de los avances que había aportado el contacto con las obras de la literatura occidental.
La Ken’yûsha fue fundada el año 1885 por un grupo de estudiantes de la Universidad Imperial de Tokio que compartían su afición por la literatura. Entre 1885 y 1889, estos jóvenes publicaron la primera revista literaria del Japón moderno, Garakuta bunko (Librería de Recortes), y a partir de 1890 empezaron una intensa actividad centrada en la creación de unas novelas populares, sentimentales y artificiosas, que presentaban una trama elaborada y llena de elementos melodramáticos. Este estilo enseguida conectó con el gusto de un público muy amplio, lo que permitió a los autores del grupo Ken’yûsha ocupar un lugar central en el mundo literario japonés de la década de los noventa.
Ozaki Kôyô ( 尾崎 紅葉, 1867-1903), seudónimo de Ozaki Tokutarô, fue el escritor más popular de la década de los noventa. En el año 1885 fundó, juntamente con otros compañeros de la Universidad de Tokyo, la sociedad literaria Ken’yûsha y la revista Garakuta bunko, y en el año 1889 entró a trabajar en el diario Yomiuri Shinbun, en cuyas páginas publicó la mayoría de sus obras.

Los últimos representantes de la tradición china
Aparte de los autores de la Ken’yûsha, el “retorno a los orígenes” que comportó década de los noventa también se vio reflejado en la obra de diversos escritores que fueron los últimos representantes de la tradición china en las letras japonesas. De entre estos autores, tenemos que destacar el nombre de Kôda Rohan, cuya obra representó el único contrapunto significativo a la literatura popular de Ozaki Kôyô. De hecho, la autoridad de estos dos autores fue tan grande que incluso algunos críticos han calificado la década de los noventa como “los años de Kôyô y Rohan”.
Kôda Rohan ( 幸田 露伴, 1867-1947), considerado como el último superviviente de la tradición china en Japón, vivió ajeno a los cambios que tenían lugar en el mundo literario y rechazó tanto las obras artificiosas de la Ken’yûsha, como la literatura con voluntad realista que escribían los jóvenes autores románticos y naturalistas. En contraposición a estas tendencias, Rohan construyó una obra marcadamente idealista, arraigada en las tradiciones budistas y confucianas, y dirigida a una elite intelectual que, como él mismo, aún había recibido una educación basada en los clásicos chinos. Como es lógico, Rohan no adoptó el modelo de lengua genbun-itchi y continuó escribiendo en un estilo clásico.

El romanticismo y el naturalismo
El caso de los autores de la Ken’yûsha y de los últimos representantes del estilo clásico que hemos visto en los dos apartados anteriores se puede considerar como un paréntesis en el proceso de modernización que la literatura japonesa había emprendido con Tsubouchi y Futabatei. Cabe decir, sin embargo, que el hecho de que la literatura dominante durante la década de los noventa no tuviera la profundidad psicológica ni la voluntad de realismo propios de la literatura moderna, no quiere decir que durante estos años se abandonara el esfuerzo para crear una ficción parecida a la de los países avanzados. Bien al contrario, los noventa también vieron la aparición de una generación de escritores jóvenes que, a la sombra de la Ken’yûsha, perseveraron en el camino hacia la modernización inspirándose en las ideas que llegaban desde Europa.

Ahora bien, hay que matizar que el hecho de hablar de romanticismo, de realismo y de naturalismo para describir la evolución de la literatura japonesa a partir de la década de los noventa puede dar la impresión de que la aparición de estas tendencias literarias tuvo lugar de una manera más ordenada de como pasó en realidad. Antes de entrar en el análisis de cada uno de estos movimientos, hay que tener presentes dos aspectos:

a) En el contexto de la literatura japonesa, las denominaciones de estos movimientos toman unas connotaciones ligeramente diferentes respecto a sus “equivalentes” europeos.

b) De alguna manera, todos los escritores que empezaron a escribir con voluntad modernizadora a partir de 1890 se podrían considerar como realistas, en la medida en que compartieron la preocupación por describir al individuo y su comportamiento de la manera más precisa posible.

El primer movimiento literario identificable que tomó cuerpo en Japón a partir del nuevo influjo de ideas llegadas de Europa fue el romanticismo (roman-shugi, 主義 o 浪漫主義), que dejó sentir su influencia entre 1889 y 1904. La aportación principal del romanticismo a la modernización de la literatura japonesa consistió en la introducción de dos elementos que no tenían ningún precedente en la tradición literaria nipona: la exaltación de la libertad individual y el tratamiento del amor y los sentimientos como el centro de la existencia.
El movimiento que tomó el relevo del romanticismo en el proceso de modernización de la literatura japonesa fue el naturalismo ( shizenshugi, 自然主義), que tuvo su momento álgido entre 1905 y 1910. A pesar de los pocos años en los que dominó el mundo literario, el movimiento naturalista tuvo una gran influencia en las letras japonesas, ya que, como veremos, estableció las bases para el tono personal y casi confesional del cual están impregnadas algunas de las grandes obras del siglo XX.
A pesar de la evidente inspiración de los naturalistas japoneses en las tesis del naturalismo europeo –que habían conocido mediante las obras de autores como Zola, Flaubert o Maupassant–, la versión japonesa del movimiento se apartó muy pronto de las tesis originales en un aspecto básico: la relación entre el individuo y la sociedad. Mientras que los naturalistas europeos describían al individuo de manera casi científica y lo presentaban como un ser sometido a las fuerzas históricas y evolutivas, los naturalistas japoneses se limitaron a describir al individuo sin relacionarlo con el entorno social. De esta manera, la literatura naturalista japonesa derivó hacia un estilo confesional donde la realidad se describía sólo a partir de las experiencias directas y personales de los autores.
Con respecto al estilo, las novelas naturalistas japonesas se caracterizan por la escasez de acontecimientos dramáticos, así como por un lenguaje sencillo y directo, desnudo de cualquier artificio. La obsesión de los naturalistas por explicar la verdad sin introducir elementos ficticios u ornamentales propició el nacimiento de una de las formas literarias japonesas por excelencia: la novela personal o shishôsetsu (también denominada watakushi-shôsetsu, 私小説).
Bueno, y hasta aquí el tocho-post de hoy. Ha sido denso (¡Y eso que he recortado!) pero espero que os haya gustado. He hecho el articulo con mis apuntes de la universidad, por lo que el mérito es de mis profesores Shigeko Suzuki y Albert Nolloa, yo solo me he limitado a hacer una selección y hacerlo más ligero. Espero que os haya gustado. 


miércoles, 29 de enero de 2014

Literatura japonesa I: literatura clásica japonesa

¡Ohayo~! O lo que es lo mismo, Buenos días en japonés :)
Hoy os traigo un articulo que es una mezcla de dos de mis pasiones: la literatura y Japón.  El otro día revisando mi carpeta de la universidad me acordé de mis clases de literatura, y se me ocurrió hacer este articulo. Si el tema os interesa y el articulo os gusta, la idea es hacer alguno que otro más (2 o 3 como mucho), y otro sobre literatura china. Como el articulo es largo no me enrollo más y os dejo que leáis.
Normalmente, la historia de la literatura japonesa se divide cronológicamente en dos grandes etapas: la clásica, que incluye desde lo que se considera el inicio de la literatura (siglo VIII) hasta el final del periodo Edo (final del siglo XIX); y la moderna, que empieza a partir de la Restauración Meiji –con la que Japón inicia su modernización– y llega hasta nuestros días.

Este articulo pretende ser un rápido y breve repaso de la primera de estas dos grandes etapas, es decir, desde los albores de la literatura japonesa hasta el final del feudalismo japonés con el clan Tokugawa, que cae ante la necesidad imperiosa de tener que abrir el país al exterior después de casi tres siglos de aislamiento.

Esta fase de la literatura clásica se puede subdividir en cuatro etapas:

La etapa Jôdai (‘edad antigua’). 

La etapa Jôdai corresponde a los periodos Yamato y Nara, del siglo V al año 794.

Contexto histórico:  Esta etapa corresponde a la primera parte de la edad antigua según la cronología japonesa, que va del periodo Yamato (caracterizado porque se construían grandes tumbas para los jefes señoriales de los pequeños estados –siglos III a VII–) con capital en Nara, hasta el inicio del periodo Heian. Este periodo acaba en el año 794 con el traslado de la capital a Kyoto. Hay una evolución tanto cultural como de forma de vida (se pasa de la pesca y la recogida de plantas silvestres al cultivo del arroz, lo que hace que se creen núcleos de población que constituyen pequeños focos señoriales, que acaban por formar un estado unificado conocido con el nombre de Yamato en el siglo V. A partir del siglo V, la literatura que se había transmitido oralmente hasta entonces comienza a escribirse con caracteres chinos, kanji, tomados de aquel país. Naturalmente, al mismo tiempo se transmiten otros factores culturales como el confucianismo y el budismo, y florecen las culturas Asuka y Hakuhô.
Durante el periodo Nara (710-784) la capital se fija en la ciudad de Nara, y se crea un estado centralizado que introduce un sistema administrativo similar al de la China de la dinastía Tang. En este periodo se redacta lo que se conoce como las primeras crónicas: el Kojiki y el Nihonshoki.

Panorama literario: En el caso de Japón, la literatura se inició como una forma de expresión oral, la cual contenía elementos musicales y teatrales. Para los hombres de la antigüedad, que vivían inmersos e integrados en la naturaleza, el ritual más importante de sus comunidades era el dedicado a la veneración de los dioses. Las palabras, fórmulas y expresiones utilizadas en estas ceremonias, que seguían la creencia de que las palabras bellas procuraban el favor de los dioses, son conocidas con el término norito. Estos rituales o fiestas (matsuri) se caracterizaban porque se organizaban en ocasión de recitales de poesía, cantos o narraciones orales, etc.
El origen de las crónicas son las leyendas y mitologías sobre los dioses, que se habían ido transmitiendo oralmente; durante la primera mitad del siglo VIII se “traducen” en lenguaje escrito, y conforman obras como el Kojiki y el Nihonshoki, cuyo objetivo era solidificar el sistema estatal de Japón como una unidad territorial.
Tanto el Kojiki como el Nihonshoki contienen numerosos poemas que se recitaban ampliamente en el seno de la comunidad. A través de éstos se pueden conocer las características y la manera de vivir de la gente. En otra antología poética más conocida, el Man’yôshû, se recopilan muchos waka y otras poesías, y se manifiesta claramente el sentimiento personal de todas las clases sociales.

Aparte del género poético waka ( poesía japonesa que presenta diferentes estilos, entre los cuales el más conocido es la tanka de 5-7-5-7-7sílabas) también se cultivaba la composición de poemas chinos escritos únicamente con caracteres (kanji). Se puede mencionar el Kaifûsô como la primera antología de este género (mediados del siglo VIII). Era un tipo de literatura bastante corriente, ya que entre las altas esferas de la Corte, como la familia imperial, los nobles y los bonzos, era obligatorio conocer las poesías escritas en kanji.

Destacamos dos conceptos fundamentales que dominan las obras de esta época:

• Masuraoburi: se refiere al estilo magnánimo, enérgico y viril que representa el Man’yôshû, que contrasta con el estilo taoyameburi –femenino, elegante y delicado– del Kokinshû del siguiente periodo.

• Makoto: sentimiento real y auténtico que se consideró como significativo en este periodo Jôdai. Se simboliza con la máxima: “el corazón alegre, puro y recto”. Se apreciaba mucho la combinación ideal de esta realeza del alma con la expresión simple.

La literatura de la etapa Chûko (‘baja edad media’). 

La etapa Chûko corresponde, básicamente, al periodo Heian, de 794 a 1192.

Contexto histórico: El periodo Heian es una época en la que tanto la política como las actividades culturales continuaban claramente en manos de los nobles y de las clases aristocráticas. Ahora bien, a pesar de esto, a lo largo de estos cuatrocientos años se producen importantes cambios que dejarán una notable huella en el ámbito de la literatura.
Desde el punto de vista político, se traslada la capital a Kyoto para evitar que el budismo influyera en exceso en la política. La actividad gira en torno al emperador y los nobles que le rodean. Desde el punto de vista cultural, florece una cultura lujosa y magnífica sostenida principalmente por los nobles. En su inicio estuvo muy influida por la cultura china, transmitida mediante las misiones enviadas a China con esta finalidad de importación cultural.
En la última parte de este periodo, se forma y establece la cultura propia del país en aspectos como la literatura, el arte, la arquitectura y la artesanía. Se puede destacar, asimismo, que el budismo se extiende gradualmente entre el pueblo.

Panorama literario: En la primera mitad del siglo IX el mundo literario seguía bajo el dominio de la poesía china, y se editaron varias antologías por orden del emperador Saga. A partir de mediados del siglo IX, surge un movimiento que propone un respeto cada vez mayor por la cultura propiamente japonesa, y a principios del siglo X, por orden imperial, se completa la antología poética Kokinwakashû, que señala el renacimiento del waka después de casi un siglo de retroceso.
En esta época sucede un hecho trascendental, como es el nacimiento del silabario hiragana, un derivado estilizado de los kanji. Utilizando el hiragana se escribirá el Taketori monogatari, considerado el origen de los relatos novelescos, seguido del Ise monogatari o Cuentos de Ise.
A partir de finales del siglo X, las mujeres toman la iniciativa en el mundo de la literatura, la gran precursora de éstas es la madre de Fujiwara Michitsune, que escribió el Kagerô nikki o Diario de efímera. El centro de estos nucleos literarios femeninos lo constituía la Corte, los palacios donde residían las emperatrices y damas de alto rango que prestaban allí sus servicios, lo que consideraban un honor. Aquí nacían obras trascendentales de fama mundial como el Genji monogatari o Romance de Genji, escrito por Murasaki Shikibu, o el Makura no sôshi o Libro del cojín, de Sei Shônagon. Coincidiendo con la caída de la política de los regentes, también se esfuma la vitalidad de las obras literarias, sin poder salir a la luz ninguna obra en prosa que consiga igualar el Genji monogatari; en poesía tampoco se pudo apreciar un avance positivo a lo largo del periodo final de la época Heian. Únicamente se puede destacar como novedad algunos relatos históricos, como el Ôkagami o el Eiga monogatari, o novelas anecdóticas como el Konjaku monogatari o Cuentos de la antigüedad.
En la sociedad de los nobles del periodo Chûko se aprecia un ambiente emocional elegante, al mismo tiempo que delicado y armónico. En este contexto cultural, cabe destacar los siguientes conceptos fundamentales para cualquier aproximación a la literatura japonesa del periodo:

• Taoyameburi: se contrapone a masuraoburi –que se reflejaba en el Man’yôshû– y se trata de un estilo verdaderamente femenino, elegante y delicado que aparece en el Kokin waka-shû.

• Mononoaware: es el espíritu culminante del Genji monogatari, nacido en el seno de la vida de los nobles y que constituirá el núcleo de la estética tradicional de Japón. Se trata de aquellas emociones o sentimientos conmovedores que penetran en nuestro espíritu al tener contacto con realidades externas como la naturaleza, o con personas y cosas, cuya percepción debe hacerse justo en su momento.

• Okashi: es una belleza alegre, clara e intelectual, en contraposición con la sensación emotiva del mononoaware. Se trata de percibir las cosas de manera sensorial y expresarlas con objetividad. Un autor como Sei Shônagon es muy hábil en captar el okashi, por lo que se le compara frecuentemente con Murasaki Shikibu.

• Miyabi: como define Cores (1999, pág. 157), se trata de un “ideal estético literario que apareció a finales del periodo Heian. Significa ‘belleza exquisita’, y se refiere también a la liberación de la mente para establecer contacto directo con la divinidad de la naturaleza y percibir lo perecedero de la vida”. El Ise monogatari se basa en este espíritu.


La literatura de la etapa Chûsei  (‘alta edad media’). 

La etapa chûsei corresponde a los periodos Kamakura, Muromachi y Azuchi-Momoyama: alta edad media, años 1192-1603.

Contexto histórico: Corresponde a la alta edad media (1192-1603) según la cronología japonesa. Se trata de una etapa de continuas guerras a todos los niveles con una situación sociopolítica muy poco estable. El establecimiento del gobierno militar de la familia Minamoto en Kamakura  fue un hecho destacado en el sentido de que el poder pasó de manos de los nobles, encabezados por el emperador, a los vasallos. Este orden se mantuvo sólo durante tres generaciones, y acabó al pasar el poder a otros vasallos, en concreto al clan Ashikaga, que fomenta una cultura muy refinada en torno a Muromachi en Kyoto. A esta época corresponden la ceremonia del té y otras expresiones culturales.
Esta etapa acaba con continuas guerras por todo el país: quien tiene más fuerza es quien consigue el poder, sin atender al rango social. Como consecuencia de esto, surgen figuras como Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi, y se fomenta la cultura Azuchi Momoyama.

Panorama literario: si la alta edad media, denominada Chûsei en japonés, es una época que políticamente destaca por un proceso gradual de cambio de poder político (de nobles a vasallos), lo mismo sucede en el mundo literario, cuyo cultivo se extiende a las clases menos nobles y al pueblo en general. Juntamente con la ampliación de la gama de los lectores desde los nobles y vasallos hasta la clase plebeya, se diversifica la consciencia literaria como una reacción razonable.

• Yûgen: concepto que se cultiva principalmente hacia la edad media. Se basa en la belleza que se encuentra en la profundidad en medio del silencio, donde se funden diferentes sentidos estéticos refinados, como por ejemplo, el mononoaware. Será la estética más representativa del periodo medieval y se cultiva en el waka, el renga o el Nô.

• Ushin: es un concepto que se encuentra en la prolongación del yûgen y por eso se da importancia a aquella sensación que queda después de una emoción, aunque se basa más bien en una belleza más técnica y seductora. El ushin es el concepto principal para comprender el waka.

• Mushin: es el antónimo del ushin. Se aplica en el renga como contraposición a la finura y el refinamiento del ushin. Es especialmente apto para el sentimiento del pueblo, más sencillo y lleno de sentido del humor.

La literatura de la etapa Kinsei (‘pasado reciente’). 

Corresponde al periodo Edo, años 1603-1868.

Contexto histórico: Corresponde a la baja edad media (1603-1868) según la cronología japonesa. Cuando el guerrero Tokugawa Ieyasu consigue subir al poder después de duras luchas con numerosos adversarios, establece un poderoso sistema centralizado con la finalidad de controlar a todos los ciudadanos. La sociedad queda dividida en cuatro rangos jerárquicos muy claros, y se restringen la movilidad y los desplazamientos de los súbditos fuera de su tierra de origen. Asimismo, Tokugawa cierra el país al extranjero y se inicia el aislamiento de Japón durante más de doscientos sesenta años –aislamiento que dura hasta el final del periodo Edo.

Desde el punto de vista cultural, en la primera mitad de este periodo los comerciantes de Ôsaka y Kyoto son los que animan la sociedad y la cultura. Posteriormente, florece la cultura Genroku, a medida que, en la segunda mitad del periodo, el papel de dinamizador pasa a los comerciantes de la ciudad de Edo, la actual Tokyo. Desde allá mantiene la iniciativa cultural, a pesar de la precaria situación del gobierno del shogunato Tokugawa, que va decayendo progresivamente.

Panorama literario: La estabilidad de la segunda parte del periodo (con la capital en Edo) comportó un crecimiento de la economía que, a su vez, contribuyó al crecimiento general de la alfabetización. En consecuencia, la literatura pasó a tener un valor comercial añadido, que se tradujo en un gran crecimiento de la industria editorial.
En este contexto, se iniciaron nuevos géneros literarios, siempre en consonancia con el desarrollo social de la época. Los teatros populares, por ejemplo, empezaron a programar obras de títeres (jôruri 浄 瑠璃) y kabuki –apreciadas por el gran público especialmente porque contrastaban con la rigidez que pretendía imponer el shogunato Tokugawa. En poesía se desarrolló el haikai ( 俳諧) (conocido más tarde como haiku 俳 句), una forma poética de 17 sílabas. Sus temas principales fueron los diferentes aspectos de la naturaleza y de las vidas de la gente corriente. En el campo del ensayo, estudiosos como Keichû, Kamo no Mabuchi, o Motoori Norinaga se centraron en analizar textos antiguos como el Kojiki, el Man'yôshû o el Romance de Genji
Bueno, y hasta aquí el tocho-post de hoy. Ha sido denso (¡Y eso que he recortado!) pero espero que os haya gustado. He hecho el articulo con mis apuntes de la universidad, por lo que el mérito es de mis profesores Shigeko Suzuki y Albert Nolloa, yo solo me he limitado a hacer una selección y hacerlo más ligero. Espero que os haya gustado.